15 sep. de 2006

Google y su cache nos cuentan…

Trolls ha habido siempre solo que con diferentes nombres, algunos los llaman árbitros, oposición, críticos, payasos de la vida, comentaristas deportivos, analistas políticos y un largo etcétera.

Los trolls de blogs somos todos, tenemos nuestro bicho trollero en algún rincón de nuestro organismo que nos dice: que feo diseño, que forma mas idiota de escribir ¿habrá cursado la primaria?, a quien se le ocurre poner imágenes en un blog, que zorra, que cabron, que pena, que aburrido, que patético, que infantil, que frustrada (o), que dramática (o).

Solo que muchos tienen a su bicho controlado, no lo liberan, prefieren mirar con carita sonriente :) a sus similares y evitar la confrontación (entre bomberitos, no se van a pisar la manguerita). Todos, todos son unos trolls en potencia y con la pagina (technorati) brindada por un amigo me doy cuenta que en algún momento su troll saldrá rompiendo las rejas que lo aprisionan y despotricaran con cualquier blog que se les ponga delante.

Evitemos eso, evitemos que sean mirados con hipocresía por haber dicho que el otro blog es una basura al lado suyo, envíenme sus sugerencias en el mas absoluto anonimato, busco informantes, confió en ustedes. >:)

Borjarana(arroba)gmail.com

Un casi informante es p. r. barriga-dávalos (su articulo no es anónimo) que desnuda en un articulo viejo de mayo de 2006 su repudio por los blogs.

Blog y Ego (Aquí el artículo original)

La preocupación de un individuo consigo mismo me pareció siempre la introducción, en materia literaria o filosófica, de una falta de educación. Quien escribe no repara en que está hablando por escrito, y así hay muchos que escriben cosas que nunca osarían decir. Hay quienes se extienden, páginas tras páginas, en la explicación y análisis de su ser, aunque ellos mismos—algunos de ellos, por lo menos—no se permitirían fatigar a un auditorio, aun bien dispuesto para con ellos, con el recital de sus personalidades.
Fernando Pessoa, La educación del estoico

Como si no fuera suficiente con toda la basura que anda suelta por la red, llegan ahora cientos de miles de blogs; bitácoras de la frustración, maquillaje para vidas monótonas y aburridas, registros de proyectos incompletos, dramáticas confesiones, colecciones de vanidades y fruslerías, monografías del desengaño, penosas exposiciones de fotografías, y ridículas conferencias autobiográficas; la mayoría de blogs son una especie de culto patético a sus propios creadores, que todos los días escriben incansablemente creyéndose dueños de un asiduo público de lectores, y que parecen competir por cual de ellos es más loco, más cool, más salvaje, más politically (in)correct, más erudito, más justo, más asqueroso, más conciente, más irónico, más ecologista o más especial; y lo peor es que proliferan minuto a minuto. Eso sí, gracias a ellos los académicos en general tienen trabajo para rato.

Probablemente existan más blogs que lectores de blogs, pero esto no parece desanimar a esos millones de bloggers que día tras día atiborran el ciberespacio con sus posts. Leyendo algunos de estos textos uno se pregunta si muchos de estos escritores—sí, resulta que si uno puede garrapatear en algún blog uno también puede publicar un libro, un blook en este caso—habrán cursado alguna vez un curso de ortografía intuitiva, o si, por lo menos, se habrán pasado el trabajo de leer lo que escriben antes de publicarlo. Como los escribas continuarán, los pocos lectores que en el mundo había van a cambiar de oficio y se pondrán también de escribas[1]. La profecía cortazariana que habla de un mundo atestado de libros, y de más libros sobre estos libros convertidos en pasta aglutinante debajo del mar, se hace realidad día a día en este, nuestro mundo virtual.

Son muchísimos los bloggers que tratan de esconderse desesperadamente entre lugares comunes y patéticos arquetipos inverosímiles, echando mano de un montón de recursos baratos para tratar de hacer ver su vida menos miserable y más comercial. El recogedor de basura que habla sobre lo maravillosas que son sus jornadas de trabajo, la modelo que trata de acabar con el racismo y la exclusión en su tiempo libre, los nacionalsocialistas bolivianos que le hacen conocer al mundo sus opiniones sobre pluralismo y democracia, la ajada cincuentona que nos invita a ingresar en el maravilloso mundo de las cirugías estéticas y eso sin contar con los cientos de críticos y analistas que se dedican por casualidad a la ingeniería, a la medicina o a la abogacía. Casi da gusto ver todos esos perfiles embellecidos, todas esas fotografías del mejor ángulo tomadas con webcams y celulares, todas esas listas de hobbies exclusivos, todas esas extensas biografías…Están también aquellos que hacen carne—podrida—de su miseria. Hombres abandonados que escriben cientos de sonetos lastimeros por hora, depresivos adictos a las anfetaminas y al prozac que nos cuentan con lujo de detalles todas las desgracias de su vida, adolescentes desesperados que exhiben sus fotografías en busca de aprobación y claman por una cita…El infortunio no tiene límites para estas víctimas de la existencia.

Me parece que estos bloggers son tipos que sueñan con un día en que ellos y sus blogs se harán famosos, de ahí esta búsqueda, esta competencia por aparentar perfección, o por tocar los bajos fondos de la miseria en el segundo caso. Los blogs son un producto de consumo, un escape de la ansiedad. Con ellos sucede como con nosotros. Sólo unos cuantos perdurarán, serán visitados y fascinarán. El resto está condenado a ser solamente una partícula dentro de este universo infinito. La ilusión de un movimiento polifónico se hace pedazos ante la irrupción de nuevos administradores de cánones. Así nos encontramos con la aparición de premios a los mejores blogs, guías de los blogs más interesantes, blogs de de escritores y gente famosa, etc.

¿Qué le hace pensar a toda esta gente—a todos estos bloggers—que sus opiniones valen la pena? ¿O que alguien va a leerlas? Los blogs se convierten a veces en la expresión máxima de la frustración. Quizá lo peor es la solemnidad con la que muchos bloggers escriben. Parece ser que realmente creen que su trabajo, los problemas con su novia, sus traumas de infancia; son cosa muy seria, y que deberían interesarle a alguien, a quien sea. Así es que en los blogs se tratan temas interesantísimos, a saber: ¿debe uno ir a ver El Código Da Vinci si es católico? ¿Es correcto combinar ropa deportiva Adidas y Nike? ¿Es cierto lo que se dice de las aventuras canadienses de Ming y Mong? ¿Es uno más vanguardista usando zapatos Superstar o escuchando Bob Dylan? ¿Es posible comprobar si los chinos tienen alma? ¿Las verrugas plantares son un castigo divino? ¿Cuántas veces puede uno usar un jean Levi´s sin lavarlo para evitar que se gaste?

En esta pila de basura en que se convierte la red, cualquier cosa que podamos decir o escribir se perderá irremediablemente en esta superposición de textos y graznidos, en esta maraña de frustraciones, en medio de vastos océanos de opiniones. Pensando en ello a mí hasta se me quitan las ganas de escribir para este blog. No puedo evitar preguntarme, ¿qué hacen todos esos bloggers cuando revisan por las noches sus blogs y se encuentran con el tan temido, pero común, 0 comments? Váyanse a dormir ya, por favor.